LA MODA ES LA PROTAGONISTA
La moda cumple un papel como herramienta de estatus y ascenso social en las comedias del cine español de los años cincuenta y sesenta del siglo XX. Varias películas ambientan sus tramas en un salón de moda, lo cual sirve además como una oportunidad para mostrar las creaciones de algunas de las grandes firmas de la España de entonces.
Destacan los diseños de Balenciaga, casi una colección entera incluida en la película Alta costura (Luis Marquina, 1954). Aunque se trata de un thriller donde se busca esclarecer la autoría de un crimen, la trama gira alrededor de un grupo de modelos en los momentos previos y durante la celebración de un desfile. Los elegantes vestidos de noche del maestro de Getaria tienen un protagonismo especial en numerosas secuencias, oportunidad que aprovecha la cámara para resaltar las claves de su estilo, la innovación en las formas y su rotundidad arquitectónica. Brilla dentro del conjunto Laura Valenzuela, luciendo una espectacular chaqueta-abrigo con pedrería o un vestido de falda globo. La moda es un elemento subsidiario dentro de la investigación por la vinculación de una de las mujeres con el hombre asesinado.
Sin embargo lo más habitual es que la moda y sus ambientes sean el decorado de comedias en las que se da una situación que se repite en más de una ocasión: jóvenes empleadas o aprendizas que son descubiertas por un diseñador y se convierten en modelos por azar, consiguiendo así abandonar su estatus humilde.
En estas fábulas proletarias la fama y el ascenso social van acompañadas del amor. Así les pasa a Rocío Dúrcal y Concha Velasco en La chica del trébol (1963) y La boda era a las doce (1964) respectivamente. Ambas cintas comparten la misma premisa y resultados: las protagonistas están vinculadas con la moda pero en tareas poco creativas. No son maniquíes y se ocupan de la entrega a domicilio de los encargos de importantes firmas, pero por diversas razones acaban subiéndose a la pasarela. El pase de modelos se presenta como la culminación de un ritual que materializa ese cambio de estatus. Son coronadas como reinas de la belleza. Cambia su consideración social pero no sólo por su nueva condición profesional. El ascenso va inevitablemente unido a la apertura hacia otro tipo de relaciones sentimentales que, a partir de entonces, establecen con hombres de mayor clase.
Una vez operada esa transformación el espacio privilegiado de una "maison" pasa a ser el ecosistema natural de estas jóvenes en su faceta de nuevas damas y el lujo es un paso inevitable. Puede ser un disfraz para fingir lo que no se tiene. Con el sombrero y la actitud adecuada una modelo se hace pasar por condesa y engaña a varios miembros de la alta sociedad en Una gran señora (1959). En Una muchachita de Valladolid (1958) Analía Gadé abandona su aburrida vida provinciana por un matrimonio ventajoso. Buscando el vestuario que la prepare para esa nueva realidad, recala en un salón y se topa con la ex-amante de su marido. Allí descubre la verdadera personalidad del diplomático con el que acaba de casarse, que dista mucho de la imagen respetable que se había creado.
Estas escenas justifican el lujo del completo guardarropa que se muestra durante el largometraje. Un trabajo realizado por Pedro Rodríguez que, como Asunción Bastida (otra de las grandes casas de la época), cuenta con varias colaboraciones cinematográficas durante el mismo periodo. En este filme destacan algunas piezas de inspiración oriental, con estampados y originales tocados que dan un toque de sofisticación a la historia que, en parte, se ambienta en un imaginario país tropical.
En otros filmes menos ambiciosos la aparición de personajes ligados al mundo de la moda sólo pretende buscar una sonrisa en el espectador. En Los ángeles del volante (1957) tenemos una secuencia que introduce el humor absurdo. Un taxista, encarnado por José Luis Ozores, tiene que entregar un telegrama a una modelo. Mientras espera que le atiendan no sabe donde meterse y, por error, se cuela en mitad de un desfile sin saber cómo reaccionar. Vestido de uniforme improvisa unos torpes pasos hasta que una clienta le llama la atención y se ve obligado a retirarse.





